L a primera vez que el viajero llega a Espinosa de los Monteros, percibe algo, que muy posiblemente, no haya sentido antes. Quizás sean sus casas, su gente o hasta su aire, lo que le confiere una prestancia distinta.

Y es que esta villa, que se espejea en las cristalinas aguas del río Trueba, y a la que dan caluroso cobijo los puertos de Estacas de Trueba, la Sía y Lunada, tiene algo de mágico.

Con más o menos, 2.500 habitantes, muchos más los fines de semana y en época de vacaciones, nuestra villa, Espinosa de los Monteros, se cree que en el año 800 antes de Cristo, ya habitaban estos parajes, la tribu celta de los vacceos.

El historiador romano Estrabón, ya la cita como Velliga, que significa Victoria.

Silio habla así de sus primitivos habitantes:
"Sobre todas las naciones, es la más dura e invencible al hambre, sed y calor, y en particular a saber afrontar su mala fortuna. Extraño es su amor a las armas, aún cuando viejos e impedidos, pues aunque no pueden más, se ocupan en derrocar los cantos y peñascos de las altas sierras. Se tienen por nacidos sólo para el ejercicio de las armas, y entre ellos cosa muy reprochada es pasar la vida en paz".

D espués de una serie de vicisitudes en la que se alternan las destrucciones y reconstrucciones, la villa de Espinosa, acaba definitivamente siendo reconstruida, por Alfonso VI, allá por los años 1.084 ó 1.086, siendo ya Castilla un reino.

U na controversia, que ha llegado hasta nuestros días sin dilucidarse, es el origen del topónimo "Monteros".

A unque son varias las hipótesis, lo cierto es que se desarrollaron, alrededor del hecho histórico, del fallido intento de envenenamiento de don Sancho García, Conde de Castilla, allá por el año 1.006, urdido por su madre doña Abba y su amante el rey moro, Mohamed Al-Mohadi.

L a conjura, es conocida por una camarera, que se la cuenta a su esposo, criado del Conde y natural de Espinosa de los Monteros, y éste después a su señor.

L a traición es descubierta, y doña Abba y su amante son ejecutados.

Parece ser que el criado, acompañaba al conde a las frecuentes monterías, y de ahí pudiera venir el topónimo "Monteros", para agradecer, tan noble acción.

El número de monteros varió según los soberanos.

E l Conde don Sancho creó 5; Alfonso VIII por privilegio dado en Castro Urdiales, en el año 1.208, los aumentó a 23, detallando los pertenecientes a los dos barrios históricos: Quintanilla y Berrueza.

D . Fernando el Católico, los elevó a 76, y Carlos V los redujo a 48, siendo suspendido su servicio por la Revolución del 68 al destronar a Isabel II, y restablecido por Alfonso XII, terminada la guerra civil en el año 1.876.

Actualmente la Compañía de Monteros de Espinosa, de la Guardia Real, está compuesta por 1 capitán, 3 tenientes, 1 subteniente, 6 sargentos y 120 soldados.

Otro hecho, este aciago y nefasto para nuestra villa, fue la derrota infringida por el ejército francés de ocupación a las tropas españolas, y que tuvo como siniestro desenlace, además de la pérdida de numerosas vidas humanas, la casi total destrucción de los archivos y documentación histórica de Espinosa de los Monteros.

Y no podíamos obviar en este recorrido histórico por nuestra villa, a los pasiegos, mítico pueblo, que aparece en el siglo XVI en las Machorras, como pastores trashumantes de ovejas y cabras, hasta la aparición de la vaca holandesa, y que descienden a la Vega de Pas, en el siglo XIX.

En el siglo XVIII, Espinosa de los Monteros, era el centro administrativo de los pasiegos, y aquí se celebran, los bautizos, bodas y entierros.

El pasiego, un pueblo sufrido, y acostumbrado a luchar contra una naturaleza hostil, aprovecha los pastos de las distintas alturas de la montaña, llevando la casa allí donde se encuentra el ganado, en lo que tradicionalmente se ha dado en llamar "la muda".

Los hombres y mujeres que otrora habitaron estas tierras, también dejaron a través de la historia, una gran profusión de edificios civiles y religiosos, que conforman un bello patrimonio arquitectónico.

El palacio de Chiloeches, de los siglos XVI y XVII, se encuentra ubicado en la plaza del Conde Sancho García. En la fachada, dos torres flanquean la entrada, cobijada por un arco escarzano, con el escudo de armas de la familia originaria Zorrilla-Arce.

E l palacio Cuevas de Velasco, data del año 1.623, y es de estilo manierista, cuya fachada principal da acceso a la capilla dedicada a Santiago.

En la fachada del mediodía , destacan los escudos con los emblemas de los Velasco. En el interior se pueden contemplar tallas del escultor vasco y antiguo propietario del palacio, Quintín de Torres.

E l palacio del Marqués de Legarda, en el barrio de Berrueza, es del siglo XIV, y está construido como una auténtica fortaleza, con una torre flanqueada por cubos en las esquinas. El acceso se hace por una puerta adintelada, encuadrada por dos columnas, todo ello flanqueado por dos gruesos torreones.

L a Torre de los Velascos, típica construcción medieval del siglo XIII, situada a orillas del río Trueba, y defendida por almenas y saeteras, con varios enrejados coronados por los escudos de los Velasco.

La Torre de Cantimplor, ubicada sobre un altozano, en el barrio de Berrueza, fue solar de los abades de Vivanco, y tiene esquinas y dovelas de excelente sillar.

La Torre de los Azulejos, también en el barrio de Berrueza, tiene un acceso a través de una puerta de arco de medio punto. En la fachada de la derecha, hay una ventana renacentista, adornada de azulejos, que dan nombre a la torre.

L a Casa de los Fernández Villa, en el barrio de Berrueza, y consta de dos cuerpos: uno con una interesante portada y otro con una torre adosada, recorrida por abundantes saeteras y troneras decorativas.

La Parroquia de Santa Cecilia, en la plaza de Sancho García, posee una gran monumentalidad, con un remate en crestería de estilo gótico, en cuyo centro se encuentra la imagen de la patrona Santa Cecilia. En el interior, tres naves de abside cuadrado, mediante conchas, y que se cierra con una hermosa venera. En el muro sur, el inicio renacentista de la iglesia. En este muro está el nicho donde se guardaban los pergaminos de privilegios de la villa.

Pero no solamente puedes encontrar un gran patrimonio arquitectónico en Espinosa de los Monteros, en nuestra villa, amigo viajero, puedes extasiarte con sus inenarrables atractivos naturales, pudiendo ver, desde sus montañas, en los días claros, la bahía de Santander.

La Estación de Esquí de Lunada , a 10 kilómetros de Espinosa, es el lugar ideal para el aprendizaje del esquí, y la práctica de fondo y de travesía, de este deporte, disponiendo la estación de toda clase de servicios: cafetería, escuela de esquí, primeros auxilios, alquiler de equipos, etc...

El montañismo, el senderismo, la caza y la pesca , también se pueden practicar aquí.

La gastronomía de nuestra villa, se compone de quesos, mantequilla, sobaos, mantecadas italianas, pan de horno de leña, morcillas, anchoas...

Y cerramos este recorrido por Espinosa de los Monteros, haciendo referencia a las importantísimas fiestas que jalonan todo el calendario de nuestra villa, como Nª. Sra. de las Nieves, en agosto; Las Fiestas Patronales, en septiembre y los afamados Carnavales en febrero.


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